A diferencia de la quimioterapia y la radiación, los cuales se dirigen hacia el tumor en sí mismo, las terapias biológicas (bioterapia) se enfocan en la respuesta biológica del cuerpo al tumor. La mayoría de estas terapias sacan ventaja del sistema inmune del cuerpo, ya sea directa o indirectamente, para combatir el cáncer o para reducir los efectos secundarios que podrían ser causados por algunos tratamientos para el cáncer. Desde la década de 1980, la bioterapia se ha vuelto una modalidad importante para tratar el cáncer. Los agentes usados en este tipo de terapia también se conocen como modificadores de la respuesta biológica.

Para que tengan éxito los cánceres, deben combatir contra el sistema inmune, una compleja red de células y órganos que trabajan juntos para defender al cuerpo contra invasores hostiles. Los intrusos más familiares (bacterias, virus, y otros organismos infecciosos) se originan de fuentes externas al cuerpo. Las células cancerosas (en muchas maneras un enemigo extraño incluso más peligroso) desafían al sistema inmune desde adentro.

Las células clave implicadas en el sistema inmune incluyen las siguientes:

Linfocitos - Este es un tipo de glóbulo blanco principalmente concentrado en áreas del cuerpo que comúnmente se encuentra con invasores hostiles. Éstas incluyen partes del tracto respiratorio y gastrointestinal, y el sistema linfático. El sistema linfático consiste de una serie intrincada de los llamados canales y nódulos linfáticos que drenan el exceso de líquido de todos los tejidos del cuerpo.

Tipos de linfocitos incluyen los siguientes:

  • Células B - conllevan a la producción de anticuerpos, los cuales son proteínas que reconocen y atacan a sustancias extrañas (antígenos), marcando a los antígenos para destrucción por otras células en el sistema inmune
  • Células T Citotóxicas - atacan directamente a células infectadas o cancerosas
  • Células T Auxiliares - regulan la respuesta del sistema inmune al señalar otras células del sistema inmune
  • Células Aniquilantes Naturales (NK) - producen poderosas sustancias químicas que se sujetan a los invasores extraños y los matan

Macrófagos - Este es un tipo de glóbulo blanco conocido como monocito, el cual traga organismos y partículas microscópicos y los destruye. Este proceso se conoce como fagocitosis (de ahí el nombre macrófago o "comilón").

Citoquinas - Éstos son químicos producidos tanto por linfocitos como por monocitos. Las citoquinas incluyen:

  • Interferones
  • Interleuquinas
  • Factores estimulantes de colonias

Las citoquinas y anticuerpos son importantes para las terapias biológicas.

Las terapias biológicas reparan, estimulan, o aumentan la respuesta del cuerpo al cáncer. Según the Leukemia and Lymphoma Society, las varias terapias biológicas hacen lo siguiente:

  • Eliminan, regulan, o suprimen condiciones que permiten crecimiento celular descontrolado.
  • Estimulan al sistema inmune para combatir el crecimiento descontrolado de células cancerosas.
  • Vuelven a las células cancerosas más vulnerables a la destrucción por el sistema inmune.
  • Cambian los patrones de crecimiento de las células cancerosas para que sean células más parecidas a lo normal, y sean menos propensas a sufrir metástasis (propagarse).
  • Bloquean o revierten el proceso que cambia a una célula normal o precancerosa en una célula cancerosa.
  • Aumentan la capacidad del cuerpo para reparar células normales que se dañaron por otras formas de tratamiento para cáncer, como quimioterapia y radiación.
  • Previenen que un cáncer se propague a otras partes del cuerpo.

En general, la manera en la que las terapias biológicas modifican la respuesta del cuerpo a las células del tumor se puede dividir en tres clases extensas:

  • Agentes que aumentan, modulan, o restauran al sistema inmune
  • Agentes que tienen una actividad directa anti-tumor
  • Agentes que ejerzan otros efectos biológicos, como interferir con la capacidad del tumor para sufrir metástasis o afectar su capacidad para diferenciar o madurar

Cada terapia biológica tiene su propio mecanismo de acción, como se discute en la siguiente sección.

Las terapias biológicas se usan más comúnmente ya sea para tratar cánceres seleccionados que no responden o que no lo hayan hecho a otras formas de tratamiento, o para tratar a aquellos con pocos tumores (célula renal [del riñón] y melanoma) que parecen responder ocasionalmente a las propias defensas inmunes del cuerpo. Debido a que el mecanismo de acción difiere entre las terapias biológicas, varían los tipos de cáncer para los que se usan, como se describe a continuación.

Las terapias biológicas más comunes que se usan hoy en día incluyen las siguientes:

  • Interferones (IFN)
  • Interleuquinas (IL)
  • Factores estimulantes de colonias (CSF) - Esta no es una terapia para cáncer, sino un tratamiento para contrarrestar los efectos secundarios de la quimioterapia (p.e., al elevar los conteos de glóbulos blancos).
  • Anticuerpos Monoclonales (MOAB)

El interferón (IFN) existe de manera natural en el cuerpo. Caracterizado por primera vez en 1957, investigadores descubrieron que IFN es producido por células infectadas viralmente y es capaz de proteger a otras células de infecciones. Los IFN fueron las primeras citoquinas producidas en un laboratorio para su uso como terapia biológica. Existen tres tipos principales:

  • Alfa interferón - Este es el tipo de interferón usado más comúnmente en el tratamiento para cáncer. El alfa interferón se usa en el melanoma con muy poco beneficio. Después de 12 meses de uso, se ve un índice de supervivencia de 12 meses. Este tratamiento no se ha usado exitosamente con otras malignidades.
  • Beta interferón - usado para esclerosis múltiple
  • Gamma interferón - usado para enfermedad granulomatosa crónica

Los interferones tienen un amplio rango de efectos biológicos, incluyendo antivirales, anti-proliferativos, e inmunomoduladores. Se desconoce el mecanismo exacto mediante el cual estas proteínas ejercen sus efectos anti-tumor y probablemente es mediante una combinación de acciones. Pero, investigadores han determinado que los interferones aumentan la capacidad de su sistema inmune para combatir células cancerosas y actúan directamente sobre estas células al desacelerar el crecimiento y fomentar el comportamiento normal.

Alfainterferón (Roferón-A, Intrón A, Wellferón) está aprobado por la FDA para el tratamiento de leucemia de célula pilosa, melanoma, leucemia mieloide crónica, y sarcoma de Kaposi relacionado con el SIDA.

Como los interferones, las interleuquinas (IL) existen de manera natural en el cuerpo y se pueden sintetizar en un laboratorio. Las interleuquinas se nombran numéricamente: IL-1, IL-2, IL-3, hasta IL-18. En el tratamiento para cáncer, IL-2 ha sido el que se ha estudiado más extensamente.

IL-2 estimula el crecimiento y actividad de muchas células inmunes aniquiladoras de cáncer, incluyendo células NK y células T citotóxicas. Además, IL-2 aumenta las respuestas de anticuerpos. Estudios en animales y en humanos han mostrado que IL-2 puede revertir deficiencias inmunes. De manera interesante, estudios no han mostrado diferencias en la actividad biológica entre IL-2 que existe de manera natural y IL-2 creada en el laboratorio.

IL-2 (Proleuquina) está aprobada por la FDA para el tratamiento de cáncer renal metastásico y melanoma metastásico. Alfa IL-1, beta IL-1, IL-4, IL-6, e IL-12 están actualmente en estudios clínicos.

Los factores estimulantes de colonias (CSF), también conocidos como factores de crecimiento hematopoyético, no afectan a las células cancerosas directamente. Más bien, los CSF ayudan a estimular la producción de nuevos glóbulos rojos, glóbulos blancos, y plaquetas. Esto es importante porque muchos tratamientos para el cáncer, como la quimioterapia y radiación, pueden reducir los niveles de células sanguíneas, poniéndolo en riesgo de infección, anemia, y problemas de sangrado. Estimular la producción de células sanguíneas puede ayudar a estimular su sistema inmune.

Algunos ejemplos de CSF incluyen los siguientes:

  • G-CSF (Neupógeno) y GM-CSF (Leuquina, Proquina) - incrementan el número de glóbulos blancos, lo cual reduce el riesgo de infección; también se usan para estimular la producción de células madre para prepararse para trasplantes de células madre o médula ósea
  • Eritropoyetina (Epogen, Procrit) - incrementa el número de glóbulos rojos y reduce la necesidad de transfusión de glóbulos rojos
  • Oprelevequina (Neumega) - incrementa el número de plaquetas y reduce la necesidad de transfusiones de plaquetas

Los anticuerpos monoclonales (MOAB) son sustancias producidas en el laboratorio que son altamente específicas para un antígeno de único objetivo. El proceso comienza al inyectar a un ratón con células de un cáncer humano específico. Después que el ratón haya aumentado una respuesta inmune (la cual incluye producir anticuerpos para combatir las células cancerosas), se le retira el bazo para obtener los anticuerpos. Estos anticuerpos se unen con células cultivadas en el laboratorio para crear células "híbridas" llamadas hibridomas. Estas nuevas células pueden crecer indefinidamente y producir anticuerpos "MOAB" que tengan una especificación predeterminada para los antígenos asociados con ese cáncer.

Los MOAB se pueden usar en el tratamiento para cáncer en numerosas maneras, por ejemplo:

  • Reaccionar con ciertos tipos de cáncer, lo cual puede aumentar su respuesta inmune al cáncer.
  • Programarse para actuar contra factores específicos de crecimiento celular, por lo tanto interfiriendo con el crecimiento de células cancerosas.
  • Relacionarse con medicamentos anticáncer, sustancias radioactivas, otras terapias biológicas, u otras toxinas. Cuando los MOAB se sujetan a una célula cancerosa, ellos suministran estos venenos a la célula cancerosa y la matan directamente.
  • Posiblemente ayudar a destruir células cancerosas que viven en la médula ósea que se ha retirado de una persona para prepararla para trasplante de médula ósea.

El MOAB rituximab (Rituxan) ha sido aprobado por la FDA para el tratamiento del linfoma de no Hodgkin de célula B que haya reincidido o no haya respondido a la quimioterapia. El MOAB trastuzumab (Herceptina) ha sido aprobado por la FDA para el tratamiento de cáncer de seno metastásico cuando el tumor expresa cantidades excesivas de una proteína llamada HER-2.

Los efectos adversos son específicos del tipo de terapia biológica usada.

Los efectos secundarios son similares para todas las clases de IFN; las variaciones se basan en dosis, horario, y tipo. Pero, se ha establecido bien la toxicidad. Casi todas las personas que reciben terapia con IFN reportan fatiga. El tratamiento se administra generalmente como terapia a largo plazo, así que los efectos secundarios se dividen en agudos (que ocurren temprano) y tardíos o crónicos (que ocurren a medida que avanza la terapia).

Al inicio de la terapia, es muy probable que usted experimente síntomas similares al resfriado; casi todos los pacientes lo hacen. Los síntomas pueden ser severos al inicio, pero en la mayoría de los casos su cuerpo se ajustará. Los síntomas incluyen escalofríos de 2 a 4 horas después de la inyección de IFN seguidos por aumentos repentinos de fiebre. Además, usted puede experimentar dolores de cabeza, dolor muscular, dolor articular, y malestar.

Los efectos secundarios crónicos tienden a incrementar en intensidad después que se ha sometido a terapia con IFN durante varias semanas. La pérdida de apetito con pérdida de peso y fatiga pueden ser lo suficientemente severos para limitar la dosis que recibe. Otros efectos secundarios incluyen falta de energía (letargo), falta de concentración, conteos sanguíneos reducidos, proteína en su orina, y presión arterial baja. Otros efectos secundarios menos comunes incluyen náusea, vómito, diarrea, sentido del gusto alterado, depresión, cambios en el estado de ánimo, deseo sexual reducido, y problemas de la memoria. En algunos casos, los efectos en el estado de ánimo pueden ser considerables, incluso conllevando a depresión severa. Por esta razón, la mayoría de oncólogos no administrarán interferón a alguien que tenga un historial de depresión.

Toxicidades severas están asociadas con altas dosis de IL-2. El rango y severidad de los efectos están relacionados con la dosis, horario, y el uso simultáneo de otras terapias para el cáncer.

Los efectos secundarios más comunes incluyen los siguientes:

  • Síntomas similares a la gripe - escalofríos, seguidos por fiebre, fatiga, dolor de cabeza, dolor muscular, dolor articular, y malestar
  • Efectos gastrointestinales - náusea, vómito, diarrea, apetito reducido

Otros efectos secundarios incluyen los siguientes:

  • Sistema integumentario (piel) - enrojecimiento, sarpullido, piel seca, comezón
  • Sistema cardiovascular - presión arterial baja, frecuencia cardiaca acelerada, arritmia, edema (retención de líquidos), aumento de peso
  • Sistema nervioso central - confusión, desorientación, mareos, letargo, ansiedad, depresión, irritabilidad
  • Conteos sanguíneos reducidos - anemia, trombocitopenia, eosinofilia, linfopenia
  • Función renal comprometida
  • Hipotiroidismo - reducción en la función de la glándula tiroides

Existen muchos medicamentos usados para ayudar a controlar las toxicidades de IL-2. Si usted está experimentando algún efecto secundario, hable con su médico acerca de cuáles terapias funcionarían para usted.

La terapia con CSF generalmente se tolera bien y los efectos secundarios son mínimos. El dolor óseo es el único efecto secundario reportado comúnmente. Por lo general, esto se puede controlar con analgésicos no narcóticos. Usted puede experimentar enrojecimiento de la piel (eritema) en el sitio de la inyección.

Con los MOAB, la reacción alérgica a la proteína de ratón es una preocupación mayor. Esta reacción aguda puede provocar anafilaxis, la cual comienza con enrojecimiento y urticaria, pero si se deja sin tratar puede avanzar a dificultad respiratoria e incluso la muerte. Sin embargo, esto es poco común.

Efectos secundarios más comunes que pueden ocurrir en las primeras 24 horas a 1 semana después de la terapia incluyen: fiebre, escalofríos, sudoración abundante, malestar, náusea, vómito, comezón, dificultad para respirar, y presión arterial baja.

Una toxicidad retrasada que puede ocurrir de dos a cuatro semanas después de la terapia es la enfermedad del suero. Este es el resultado de la circulación de complejos inmunes (partículas grandes y pesadas de anticuerpo antígeno) que se depositan dentro de tejidos. Los síntomas incluyen urticaria, comezón, dolor articular, glándulas inflamadas, y síntomas similares al resfriado.

Para conocer más detalles acerca del uso de terapias biológicas para cánceres específicos, vea los siguientes artículos: