El término adaptógeno se acuñó a mediados del siglo XX por el científico soviético Nicolai Lazarev y posteriormente lo desarrolló su estudiante Israel I. Brekhman. El término se refiere a una sustancia que puede ayudar al cuerpo a adaptarse al estrés, independientemente de la fuente: calor, frío, agotamiento, trauma, falta de sueño, exposición a tóxicos, radiación, infección, o coacción psicológica. Por definición, un adaptógeno tampoco causa efectos secundarios, trata una amplia variedad de enfermedades, y ayuda a regresar al equilibrio a un organismo (homeostasis) sin importar de qué manera se ha salido de equilibrio.

Tal vez el único ejemplo indiscutible de un adaptógeno es un estilo de vida saludable. Al comer adecuadamente, hacer ejercicio de manera regular, y en general vivir una vida de equilibrio y moderación, usted incrementará su buen estado físico y capacidad para resistir enfermedades de todo tipo. Sin embargo, permanece sin probarse (y, poco probable) si existe alguna hierba que proporcione tales beneficios universales para la salud. No obstante, los partidarios del concepto de adaptógeno creen que una variedad de hierbas tienen esta propiedad, especialmente el ginseng (tanto ginseng Panax como Eleutherococcus senticosus), así como aswaganda, astrágalo, maitake, reishi, rodiola, esquisandra, y suma.