¿Para Qué Se Usa el Extracto de Hoja de Olivo Hoy en Día?

La hoja de olivo contiene una sustancia llamada oleuropeína, la cual se descompone en el cuerpo en otra sustancia llamada enolinato. En los sitios web que promueven los extractos de hoja de olivo, se declara que el enolinato mata bacterias, virus, y hongos dañinos en el cuerpo, pero al mismo tiempo fomenta microbios que son buenos para la salud. Sin embargo, esta notable afirmación no tiene justificación científica significativa.

Es verdad que la oleuropeína, el enolinato, y otros componentes de la hoja de olivo o sus productos procesados pueden matar microbios en estudios de probeta.1-11

Sin embargo, los estudios de probeta aún no han mostrado efectividad en humanos. Sólo estudios doble ciego, controlados con placebo pueden probar que un tratamiento es efectivo, y el único estudio de este tipo reportado para la hoja de olivo fue demasiado defectuoso como para probar cualquier cosa. Este estudio pequeño y mal diseñado supuestamente encontró que el extracto de hoja de olivo reduce la presión arterial.12 Sin embargo, el estudio fue demasiado pequeño y demasiado mal diseñado como para producir resultados significativos. El único apoyo para la aseveración generalizada de que la hoja de olivo reduce la presión arterial proviene de estudios de probeta y de estudios en animales que son demasiado preliminares como para confiar en ellos en absoluto.13-16

Otros estudios en animales sugieren débilmente que la hoja de olivo podría ayudar a controlar los niveles de azúcar en la sangre en la diabetes17-19 y reducir los síntomas de gota.17

Dosis

Debido a que los extractos de hoja de olivo varían ampliamente, le recomendamos seguir las indicaciones de la etiqueta.

Temas de Seguridad

La hoja de olivo no se ha sometido a examinación extensa de seguridad. Sin embargo, con base en la evidencia limitada disponible, comúnmente parece no causar muchos más efectos secundarios inmediatos que malestar digestivo ocasional. No se ha establecido la seguridad en niños pequeños, mujeres embarazadas o en lactancia, o personas con enfermedad renal o hepática severa.