Panorama General

Este artículo discute los posibles beneficios para la salud del ejercicio. Para obtener información sobre capacidad de aumento de ejercicio, vea Apoyo Deportivo y del Buen Estado Físico: Fomentar el Rendimiento. Para artículos sobre sistemas específicos de ejercicio, vea artículos sobre Tai Chi y Yoga.

Una de las diferencias más obvias entre la vida moderna y la vida en el pasado se puede encontrar en el nivel de ejercicio. Para la mayoría de las personas que viven en países desarrollados hoy en día, el ejercicio físico intenso no ocurre como parte de la vida diaria ordinaria, pero se debe buscar deliberadamente. Compare esto con la mayor parte de la historia humana, en la que el ejercicio diario intenso era un requerimiento para la supervivencia. Incluso entre las clases superiores en Europa del siglo XIX (a juzgar por una escena en Pickwick Papers de Charles Dickens) dar una caminata de diez a veinte millas como manera de recreación no estaba fuera del curso ordinario de los acontecimientos.

El cuerpo humano fue diseñado para usar sus capacidades físicas. Sin embargo, para muchos de nosotros, la vida se ha vuelto un asunto sedentario, moviéndose del sofá vía automóvil al cubículo de la oficina. Aunque disminuir el ejercicio vigoroso sí tiene algunos beneficios, como reducir las lesiones, también presenta mayores desventajas. Indudablemente, el ejercicio inadecuado es un importante contribuyente de la actual epidemia de obesidad, que a su vez conlleva a diabetes, enfermedades cardiacas y osteoartritis.

Por el contrario, incrementar el nivel de ejercicio en una persona proporciona una amplia variedad de beneficios. Además de aumentar la fuerza y resistencia y mejorar la atracción física, se cree que el ejercicio aumenta la salud en general y también reduce los síntomas en numerosos padecimientos físicos. Sin embargo, aunque los tantos beneficios del ejercicio parecen ser evidentes por sí mismos, pueden ser bastante difíciles de probar en un sentido científico. El principal problema se resume en esto: es difícil, si no es que imposible, diseñar un estudio doble ciego del ejercicio.

En un estudio doble ciego controlado con placebo, ni los pacientes ni los investigadores saben quién está recibiendo un tratamiento real y quién está recibiendo placebo. La centralidad de tales estudios se discute a detalle en ¿Por Qué Esta Base de Datos Confía en Estudios Doble Ciego? Nosotros discutiremos aquí el tema sólo en breve.

Considere el siguiente escenario: Un estudio (técnicamente, un estudio observacional o epidemiológico) puede notar que las personas en una población determinada, quienes hacen más ejercicio desarrollan enfermedades cardiacas en un menor índice que quienes hacen menos ejercicio. A causa de esto, es tentador concluir causalidad: que el ejercicio reduce el riesgo de enfermedades cardiacas. Pero tal conclusión podría no ser correcta.

Estudios observacionales sólo muestran asociación, no causa ni efecto. Estudios del tipo descrito anteriormente han mostrado por mucho tiempo que las mujeres que usaban terapia de reemplazo hormonal (TRH) eran menos propensas a desarrollar enfermedades cardiacas. Además, el uso de TRH se conocía por mejorar el perfil de colesterol. Parecía un caso certero. Sin embargo, para sorpresa de investigadores, cuando un gigantesco estudio doble ciego comparó la terapia de reemplazo hormonal contra un placebo, los resultados mostraron que el uso de TRH en realidad incrementó el riesgo de enfermedades cardiacas.

Ahora se tiene la hipótesis de que esta aparente contradicción se puede deber al hecho de que las mujeres que usan TRH generalmente tienen un estatus socioeconómico más elevado que las mujeres que no usan TRH, y que este estatus socioeconómico, y no la TRH, era el responsable para los aparentes beneficios vistos. Cualquiera que sea la razón, ahora está claro que la TRH no previene enfermedades cardiacas, y que las conclusiones arrojadas de estudios observacionales retrocedieron exactamente. Con base en esto, al menos se debe considerar la posibilidad de que las personas que realizan más ejercicio tienen otras cualidades que los protegen de enfermedades cardiacas, y que estas cualidades, y no el ejercicio, es lo que los protege. El problema es que aunque es posible administrar un placebo que se asemeje de manera convincente a TRH, es difícil concebir una forma de placebo para el ejercicio que los pacientes e investigadores no identifiquen inmediatamente como una forma de ejercicio diferente de la real.

Además de estudios observacionales, otras formas de investigación científica que involucran al ejercicio permanecen inadecuados de manera similar. Por ejemplo, considere los numerosos estudios que se han tomado para probar que el ejercicio es útil para la depresión. En estos estudios, las personas que hacen ejercicio mejoran en una mayor extensión que los que no lo hacen. Sin embargo, este hallazgo no prueba que el ejercicio por sí mismo ayude en la depresión. Por ejemplo, puede ser que simplemente estar inscrito en un estudio y motivado a hacer algo pueda ayudar con la depresión. (Se le da más peso a esta sospecha por los hallazgos de que la mejoría en la depresión no está relacionada en absoluto con la intensidad del ejercicio hecho; si fuera el ejercicio por sí mismo, una persona podría pensar que el ejercicio más intenso podría proporcionar mayores beneficios.)

Estudios doble ciego, controlados con placebo eliminan todos estos potenciales factores confusos, así como muchos otros. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, no es factible diseñar un estudio doble ciego en el que las personas no estén concientes ("ciegas" al hecho) de que estén haciendo ejercicio. Por lo tanto, todos los resultados con respecto a los beneficios potenciales del ejercicio se deben tomar con cautela.

¿Cuál Es la Evidencia Científica para el Ejercicio?

Teniendo en mente la discusión anterior, los beneficios del ejercicio con los fundamentos científicos más sólidos 1-4 incluyen:

Con respecto a la presión arterial, el ejercicio aeróbico tiene la mejor evidencia de apoyo, pero el ejercicio de resistencia (entrenamiento de peso) también ha mostrado promesa.5-9 Un interesante estudio encontró que cuatro intervalos de 10 minutos de ejercicio aeróbico al día fueron tan efectivos para reducir la presión arterial como 40 minutos de ejercicio continuo.9

El ejercicio aeróbico también puede elevar los niveles de colesterol HDL (colesterol "bueno"), así como reducir los niveles de triglicéridos.10,11

Otras condiciones para las que el ejercicio tiene algo de evidencia científica significativa de beneficio incluyen:

Con respecto a osteoporosis, el consenso científico general es que el ejercicio sí ayuda, pero la evidencia de apoyo es sorprendentemente débil.24-27

Evidencia inconsistente o por el contrario débil, sugiere posible beneficio para:

Se cree ampliamente que el ejercicio mejora la función inmunológica. Sin embargo, no hay evidencia científica significativa para esta creencia. Se sabe que el ejercicio de muy alta intensidad (como el correr el maratón) debilita temporalmente al sistema inmunológico, incrementando la probabilidad de infecciones respiratorias. Esto se discute en el artículo sobre Apoyo Deportivo y del Buen Estado Físico: Fomentar la Recuperación.

Un estudio no logró encontrar que el ejercicio fuera útil para reducir los síntomas menopáusicos.32